Por: Ivonne Andrea Sánchez Hernández

Acabo de leer la Oculta, libro que relata la historia de una familia y de su finca en Jericó, hubo una fracción que me llamó mucho la atención, la historia de la tierra. De los colonos a la última generación, la tierra ha ido reduciendo su tamaño a medida que más propietarios se suman a la línea generacional. De grandes hectáreas que fueron colonizadas y puestas a producción, hoy la propiedad se ve transferida a parcelas y minifundios por herencia. A pesar de que Colombia registra una propiedad altamente latifundista, deseo emplear la parte minifundista como punto de referencia a la propiedad privada y a lo particular e individual, y en el reto que ello representa para nuestra sociedad.

La producción agrícola desde el minifundio sin pensarse en un territorio basado en una producción colectiva, cooperativa e integrada no puede ser sostenible desde ninguna de las dimensiones que se incluyen en este concepto: económica, social, cultural o ambiental. Más allá de la producción agrícola, ninguna sociedad que no se piense en lo común puede ser sostenible; el reto de nuestra generación y las futuras para integrar una sostenibilidad práctica y real es desarrollar un pensamiento colectivo, y es allí donde deseo enfocar esta reflexión.

Actualmente estoy desarrollando con unos amigos un proyecto de finca, a través de una agrovilla, esta figura permite ser copropietario de un predio desde un enfoque de bien común, es decir más allá de la matrícula de la casa, el resto del territorio es de propiedad común.  Es que actualmente con el precio de la tierra, y los proyectos de construcción tan poco atractivos, esta fue una buena alternativa, basada en la confianza y en una idea de sueño colectivo, para acceder a un pedacito de tierra.

Así, las ecoaldeas, agrovillas, casas compartidas, oficinas compartidas,y todo aquel proceso que comparte una visión de colectivo, crean alternativas donde la suma de las partes es mayor que el todo. Tomemos por ejemplo los proyectos de COWORKING, espacios donde no se posee una oficina sino que se comparte un espacio por el tiempo requerido, es una opción que permite el desarrollo de las funciones administrativas de algunas organizaciones, pero además baja costos por la renta, pero más allá de eso, permite CONECTAR personas que comparten proyectos comunes, y allí puede generarse ideas, nuevas preguntas y soluciones o cooperaciones de gana-gana para las partes, un espacio COLECTIVO une, integra y hace más efectivo los procesos que allí se desarrollan.

Volviendo al tema de la agrovilla, deseo compartir que en el poco tiempo que llevamos en el proyecto, el gran aprendizaje a la fecha ha sido sobre los grandes retos que enfrentan nuestros campesinos frente a la inaccesibilidad vial y los carteles de intermediarios para la compra de sus productos, que junto con los altos costos de transporte hace altamente difícil la comercialización de productos del campo, ahora, imaginemos que las producciones provienen de minifundios, los costos de gestión y comercialización son muy altos para meramente cubrir costos de insumos o mano de obra.

Definitivamente, el campo debe pensarse desde un colectivo, que respete y valore las individualidades que allí existen, pero que permita planearse desde su territorio para lograr sistemas productivos y mecanismos de gestión COOPERATIVOS que permitan compartir costos, alcanzar mercados de forma efectiva, eliminar intermediarios y blindarse frente a las multinacionales que actualmente se están apropiando de las tierras, porque ellas tienen la capacidad de lograr la producción a escala que dan sostenibilidad ECONÓMICA a sus producciones.

La colectividad pensada en cualquier sistema territorial (rural o urbano) permite pensar el territorio más allá del bien particular, y conectar la funcionalidad de ese bien individual en función del todo; ningún ecosistema puede conservarse sin conectarse, ninguna sociedad es sana sin conectarse, ninguna cultura evoluciona sin conectarse, y es que CONECTARSE, bajo criterios que integren la conservación de la base natural del territorio que lo sostiene y que derive en el bienestar de la comunidad, es necesario para un ser sostenible.

Entonces, ¿dónde nace esa colectividad requerida?, desde la reflexión que deseo plantear considero que básicamente en la EDUCACIÓN. Una vez leía que un error cuando estamos en la escuela es castigar el copiarse. Recuerdo muy bien cuando estaba en la escuela que a veces algún compañero deseaba copiarme, y a pesar de mi deseo de colaborar, el miedo que tenía de que el profesor me regañara era mayor, no mal entiendan la idea, no es premiar la pereza, pero un sistema educativo que reprime el instinto humano de ayudarse mutuamente genera un ser humano egoísta, y nuestro sistema educativo ha producido INDIVIDUOS MIEDOSOS DE AYUDAR por que los méritos y apreciaciones se hacen con base en el mérito INDIVIDUAL y no ha logrado consolidar un pensamiento y un criterio solidario, colaborativo y que reconozca que el bien común atrae bienestar y desarrollo también al bien particular. Por ello, debemos corregir una sociedad que teme a ayudarse, pero que tiene un instinto de solidaridad mayor, y que debe desarrollarse a partir de un sistema educativo que reconozca el valor de trabajar de forma COLABORATIVA, así que cuando busquen un colegio, aprecien aquel que no da premios individuales, si no que educa a partir del reconocimiento de lo que nos une y compartimos, por ejemplo el material escolar debería ser compartido, porque tener una caja de colores propia, cuando puedo compartirla con mis compañeros, es una opción que cumple la función del material, baja costos, enseña a compartir y a cuidar lo que es de todos, reduce el consumo de recursos, y construye seres humanos solidarios.

¿Qué nos ofrece un pensamiento colectivo?, uno que desarrollemos desde lo que nos hace individuos y nuestras propiedades particulares, nos ofrece sostenibilidad:

ECONÓMICA: reduce gastos, la economía basada en la solidaridad, lo compartido y en el bien común, baja el costo de vida.

SOCIO-CULTURAL: desde el pensamiento colectivo nos pensamos en nuestro territorio, en nuestra comunidad, pensamos en el vecino, en el otro antes de tomar una decisión, y mejoramos la vida propia y del otro.

AMBIENTAL: se reduce el consumo y nos hacemos conscientes del territorio que abarcamos para hacernos responsables desde nuestras decisiones particulares.

Por ello, la invitación es a integrarnos desde nuestra toma de decisiones individuales a un colectivo que nos necesita más responsables y conscientes, ¿cómo?:

  • Conozcamos los límites ambientales de nuestro territorio y tomemos decisiones en esos límites, por ejemplo, ¿qué capacidad tiene nuestro relleno sanitario?, ¿cuánta capacidad es la de cada habitante para producir residuos? y ¿cuál puede ser mi reducción de residuos?, menos empaques, compostaje, reducir la pérdida de alimentos… Reconozcamos nuestro impacto y tomemos decisiones que puedan ayudar a mejorar ese todo.
  • Conectémonos con el otro, participemos en el espacio común, cuidemos la propiedad colectiva, protejamos lo que compartimos, allá nos volvemos sociedad y valorar lo que nos hace una comunidad es protegernos.
  • Elijamos servicios compartidos, que no solo reducirán costos en nuestra vida, sino que mejorarán el entorno, por ejemplo, lavanderías compartidas, puede ser menos costoso que tener una máquina de lavado personal, ahorrar agua, ahorrar energía, reducir la producción de residuos, apoyar emprendimientos locales y compartir un espacio donde me encontraré con el otro.
  • Conectemos nuestra propiedad con un beneficio colectivo, cuidemos el andén de nuestra casa, hagamos del jardín de nuestro frente un espacio verde para las aves o un dispensario de alimento, mejoremos nuestras fachadas, que se vea bella, que lo que veamos afuera nos dignifique.
  • Compremos de las formas más directas a los productores, promovamos medios que permitan la consolidación de mercados justos (mercados campesinos, empresas responsables).
  • Hagamos turismo consciente, uno que nos conecte con las comunidades y territorios que visitamos informándonos de forma responsable y cuidándolas.
  • Seamos voluntarios de los esfuerzos que otros hacen para mejorar esta sociedad, apoyemos, compartamos, aportemos.
  • Pensemos en el otro y con el otro, elijamos solo aquellos que nos impulsa a conectarnos como una sociedad sana, que cree en la paz, que crea un colectivo capaz de ser SOLIDARIO.

Y si tienen más formas de ser una sociedad COOPERATIVA y SOLIDARIA, compartan sus ideas y experiencias, porque ser sostenibles requiere UNIRNOS.